Gilles Deleuze en su estudio Spinoza, filosofía práctica recoge la figura bíblica de Adán y reflexiona sobre la angustia que representa la vida… Una vida humana, como la de Adán, aspira a la trascendencia, pero en este esfuerzo no hace otra cosa que generar una inversión patológica. El ser humano suele trastocar las explicaciones de la realidad y toma los efectos por las causas. La filosofía de Spinoza es capaz de desmitificar las supersticiones sobre las que se funda nuestra conciencia:


(ilusión de las causas finales): del efecto de un cuerpo sobre el nuestro hará la de causa final de la acción del cuerpo exterior, y de la idea este efecto, la causa final de sus propias acciones. Desde este momento, se tomará a sí misma por causa primera, alegando su poder sobre el cuerpo (ilusión de los decretos libres). Y allí donde ya no le es posible a la conciencia imaginarse ni causa primera ni causa organizadora de los fines, invoca a un Dios dotado de entendimiento y de voluntad que, mediante causas finales o decretos libres, dispone para el hombre un mundo a la medida de su gloria y de sus castigos (ilusión teológica)1.

          ¿Deleuze es claro? ¡Sí! Es claro para todo quien se haya forjado una profesión en estudios de filosofía. No podemos culparlo: la filosofía misma tiene vericuetos nada amigables, senderos plagados de diminutas diferencias que nos interpelan, dejándonos exhaustos e incluso indispuestos a veces para nuevas lecturas. La propia filosofía de Spinoza puede ser oscura para el lector no acostumbrado a estrategias de escritura poco frecuentes: la Ética, el libro que contiene su doctrina principal, es un tratado escrito de modo geométrico y cuyas páginas, compuestas de cinco libros, están plagadas de axiomas, definiciones, demostraciones, escolios, lemas, definiciones… ¿Qué hacemos con ella?

          Hagamos un intento, empecemos por algún punto para dar sentido a la lectura de Spinoza. Seduzcamos al lector no explicando sus más robustos y dificultosos argumentos, sino recobremos aquello que pueda ser útil para repensar nuestros modos de entender y hacer. Aquello que por costumbre y hábito se ha convertido en “la” verdad, puede no ser otra cosa que la expresión de nuestros propios deseos y acciones. Sí, la filosofía de Spinoza nos permite desmitificar las ficciones materiales enraizadas de nuestra cultura, pero para hacer eso nos hace falta un recorrido, forjar rutas y establecer vínculos. Hace falta comprender qué significa esa inversión y entender cómo sus palabras pueden resultar en una verdadera terapia de la razón y la conducta.

          El resultado de la terapéutica spinozista, sin embargo, no es el reemplazo de creencias antiguas por el arribo de una verdad última y revelada. Spinoza nos reencuentra con el proceso de hacernos en la vida misma junto con otros y nos recuerda que eliminar la angustia acudiendo al recurso de la existencia de verdades puras y primeras, puede ser una estrategia de sometimiento individual y colectivo. El tirano hace un muy buen uso de esas pasiones tristes para diferenciar aquello que “se debe” de lo que “no puede ser pensado ni realizado”. El sonido de las trump-etas celestiales puede portar consigo también el aroma de azufre destructivo. ¿Cómo poder determinarlo?

          Nos proponemos en este espacio hacer un recorrido, paso a paso, lento y también digerible de la filosofía de Spinoza para cualquier lector que desee sumergirse en ella. Quizá en este primer escrito aún se perciba la fragancia del estilo académico, de cierta pesadez de los argumentos, pero este es solo un apronte y una invitación. Quedémonos con esto: la filosofía de Spinoza nos permite desmontar nuestras verdades más profundas y enraizadas. Nosotros transitaremos sobre ellas para exhibir toda la potencia de la filosofía spinozista y para entender por qué este filósofo del siglo XVII nos permite hoy, pensar nuestro presente.

 

 

 

 

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1 Deleuze, G. (2009). Spinoza, filosofía práctica. Tusquets Editores, p. 30.