Señalamos con anterioridad que para el liberalismo la razón es una propiedad inherente al individuo y que tenemos libertad para hacer un buen o mal uso de ella. En Spinoza, la fórmula se invierte por un simple hecho: la razón o, más bien, la racionalidad es el producto de las relaciones que mantenemos con otros sujetos u objetos. ¿Cuál es la distinción entre razón o racionalidad? La primera se expresa como una característica común a priori del sujeto; la racionalidad implica un proceso de constitución a posteriori de esa razón e incluso connota la existencia de más de un tipo de racionalidad.
En el escrito anterior7, fundamentamos una cierta mirada de lo social, pero recurrimos poco a los argumentos spinozistas. Para entender la idea “la racionalidad es una construcción”, es necesario acudir a la teoría de los cuerpos y a la teoría de los afectos de la Ética (lo que también nos permitirá comprender ideas expresadas anteriormente). Spinoza distingue la existencia de cuerpos simples y otros más complejos. “Lo único que se puede saber es que ciertos cuerpos son más complejos que otros, y que tienen más relación que otros con el exterior”8. Se debe ser cuidadoso al leer a Spinoza. Uno estaría tentado a pensar, “bien, existe el uno y los muchos unos”; pero no. La distinción no es cuantitativa, sino cualitativa y refiere al concepto de relación. Un individuo no se define por sus componentes, sino por una “cierta relación” que las partes mantienen: se pueden distinguir de manera analítica cuerpos simples, pero todo cuerpo es en realidad complejo, tal como cualquier sociedad es la expresión de multitudes de sujetos en relación.
La idea de un componente original fundamental es rechazada; también la idea de una composición total última. En realidad, si un individuo se caracteriza por sus relaciones: 1) es porque ellas expresan la existencia de una constante comunicación de sus partes (p.e.: las neuronas que comunican al cerebro con los músculos); 2) expresan la existencia de una comunicación constante de sus partes con otros individuos exteriores (p.e.: los alimentos que ingerimos para regenerar nuestro propio cuerpo o la modificación del terreno para la producción agroganadera); 3) el individuo, por lo mismo, se entiende como parte de un proceso de constitución activo con el entorno; 4) porque la relación solo es una abstracción si no se ejecuta efectivamente; en fin, 5) más que por una propiedad, un individuo se define también por una cierta operación o movimiento.
“Los cuerpos”, dice Spinoza, “se distinguen entre sí en razón del movimiento y del reposo”9. Los individuos son relación, pero también se definen como potencia: una determinada fuerza para afectar y ser afectados por otros cuerpos. Potencia y relación no son propiedades fundamentales o inmóviles, más bien, necesitan ser determinadas a cada momento en su propia singularidad. Por ejemplo, una sociedad, que puede ser entendida como un individuo, puede modificar sus relaciones interiores y con ello modificar también su propia potencia para afectar o ser afectada por otro grupo social.
Si la teoría social liberal contiene presupuestos, es porque supone propiedades inherentes a los sujetos (razón, la libertad y la individualidad). La racionalidad es un proceso que no acaba, es la individuación de los cuerpos y el entendimiento en proceso constante de crearse y recrearse junto con los determinantes externos. Sin embargo, ¿cuál es el rol de los afectos? Hasta ahora solo hablamos de los cuerpos como lugar de encuentro y composición, pero para entender el proceso de constitución de la racionalidad y su importancia en Spinoza, es necesario saltar al libro III de la Ética.
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7 Ver “3. Spinoza contra el liberalismo (1). Individuo y sociedad”.
8 Moreau, P. F. (2012). Spinoza y el spinozismo. Escolar y Mayo Editores, p. 98.
9 Spinoza, B. (2011). Ética, II, prop. XIII, lem. I.